El habla es un acto motor complejo y, como tal, requiere de un conjunto de funciones como el respiratorio, el fonador, el articulatorio y la resonancia; si uno de estos mecanismos se altera trae como consecuencia un trastorno en la fluidez; como es el caso de la tartamudez.

Para, Alberta Custodio Vega, especialista en Educación y Fonoaudiología de IMLA, la tartamudez es un disturbio del lenguaje y comunicación, es multidimensional porque presentan elementos verbales, motores, cognitivos, ambientales y fisiológicos, como factores de riesgo. Esta dificultad del habla varían en intensidad, frecuencia, continuidad, ritmo, suavidad y velocidad dependiendo de cada persona.

Diversos autores manifiestan que existe una predisposición genética para la aparición del trastorno y  su posterior evolución; asimismo, se debe tener en cuenta otros factores de riesgo como:

  1. Edad: Hasta 4 años existe riesgo pequeño, hasta los 7 años riesgo medio y más de 7 riesgo mayor.
  2. Sexo: Más frecuente en los varones.
  3. Tiempo de aparición: si es súbito, pequeño riesgo; si es intermitente, riesgo medio; si es persistente o gradual, riesgo mayor.
  4. Tiempo de duración: hasta 6 meses, pequeño riesgo con la posibilidad de ocurrir una recuperación espontánea (Yairi y Ambrose, 2005); de 6 a 12 meses, riesgo medio y más de ese tiempo riesgo mayor.
  5. Tipo de disfluencia: si son comunes, menor riesgo; si son comunes con tartamudeos, riesgo medio; si predomina los tartamudeos, es el principal riesgo de la tartamudez.
  6. Antecedentes genéticos: si es de primer grado de consanguinidad es tres veces mayor que en la población en general.
  7. Historia del embarazo y del parto.
  8. Desarrollo global del lenguaje y del habla.
  9. Factores ambientales y de estrés.
  10. Ambiente familiar – externo y reacción del niño

Frecuentemente, la tartamudez se inicia en el periodo de adquisición del lenguaje entre los dos a cinco años, cuya causa aún no se conoce; pero se puede reconocer los SÍNTOMAS:

  • Repeticiones en más de dos veces como sonidos, sílabas o palabras.
  • Prolongaciones, alargamiento de las sílabas iniciales de las palabras.
  • Bloqueos, interrupciones con pausa tensas.
  • Movimientos secundarios, como guiños constantes u otros, cuando el caso ya es más avanzado.

Se recomienda ayudar al niño por lo menos cinco minutos diarios, prestando atención en lo que dice sin interrumpirle, en forma relajada y sin prisa, no apresurar ni completar sus ideas. Evitar en lo posible situaciones de estrés. Siempre tenga presente que un especialista en tartamudez o fonoaudiólogo estará esperándolo para orientar y darle la terapia requerida.

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