Dr. Walter Gómez Galiano
Soy milagritos, nací pesando 650 gramos, es decir, lo que pesan 3 manzanas. Por alguna razón que desconozco, desperté bruscamente al escuchar mucha bulla y el llanto de mi madre que, desesperada, pedía ayuda a alguien que llamaba Doctor. No sé si ese señor estaba molesto, ocupado… lo cierto es que ordenaba a otra persona (algo malhumorado o muy tenso no lo sé,) que la suban. ¡Rápido! ¡Rápido! ¡Súbanla! Mientras, mi madre lloraba desconsolada, sentía su angustia y desesperación por algo que ella no podía solucionar, su corazón latía con tanta fuerza y tan rápido que me asustaba, las paredes de mi casa se movían como gelatina y con una fuerza tan grande que dañaban mi cuerpecito en formación.
Mi cama, que hasta esa fecha era un mar cálido y tranquilo, se agitaba con un oleaje intenso jamás visto, era una tormenta que cada vez se hacía más intensa y me arrojaba por un canal algo estrecho, pero por el cual pasaba con cierta facilidad arrastrada por una corriente de agua. Salí no sé a donde y unas manos me agarraron, percibí una claridad extraña que no entendía porque ni siquiera podía abrir bien mis ojos, además sentía un frío intenso,” ¡Dios mío! Me congelo! Por favor abríguenme.” Sentí unas manos que me estrujaban con tanta fuerza que mi piel se desgarraba y lo peor de todo: tenía una opresión grande en el pecho que me impedía respirar con facilidad. “¡Me ahogo¡” Y lo extraño, es que ahogaba en un mar de aire, no lo entendía.
La cabeza me estallaba y la gente que me rodeaba gritaba y se desesperaba, pedían “tubo”. De pronto, sentí que me introducían un fierro por la boca y luego algo entró en mis bronquios, lo que me causó un dolor intenso y cortante en mi pechito. Pensaba en mi madre, “ ¿Donde está que no viene a auxiliarme?. ¿Me están matando y tú no haces nada?”. Lloraba, pero no tenía lágrimas y ni siquiera mi voz se escuchaba, el aire que introducían a mis pulmones me aliviaba tremendamente, pues éstos no soportaban respirar solos y se colapsaban.
La persona que me atendía decidió (sin preguntarme nada) inyectar una sustancia aceitosa en mis pulmones, la cual al inicio me causó otro dolor no tan fuerte, pero igualmente doloroso, que fue de alguna manera mitigado por el alivio que sentí cuando respiraba con mayor facilidad. Me abrigaron y me daban algunas palabras cariñosas, pero… mi madre…” ¡donde esta mi mamita! ¡Quiero verla, por favor! ¡No me lleven quiero estar con mi mamita!. Nadie me escuchaba y nadie me hacía caso.
Dos personas me llevaron en un carrito bien calientito y me dejaron en una habitación muy grande llena de muchos aparatos raros que hacían unos ruidos extraños,
Allí me recibieron dos jóvenes a quienes llamaban doctores, los que con cierta indiferencia me miraron y esbozaron una risita que despertó en mí cierta desconfianza. Se alejaron por un momento y luego regresaron con las manos levantadas, se vistieron con unas ropas raras y luego se dirigieron a mí con la cara cubierta como si no quisieran que los mire o como si escondieran algo. Me agarraron con sus manotas y me echaron una sustancia muy fría que me provocaba un fuerte ardor en mi barriguita, justo allí por donde mi mamita me daba de comer…… Lo peor es que ni siquiera puedo gritar porque tengo algo en mi garganta que cada cierto tiempo infla mis pulmoncitos.
Me cubrieron con unas telas grandes y comenzaron a meterme unos dispositivos por las arterias y venas de mi ombligo, lo que me dejó sin aliento, traté de gritar ¡no podía! En eso vino a mi mente el recuerdo de mi antiguo hogar, aquel ambiente cálido , tranquilo, donde percibía la alegría de mi madre y escuchaba su alegre risa, mas su rostro me era una incógnita y aún así, ansiaba verla y escucharla, pero…me preguntaba…¿Dónde estás mamita, por qué me has abandonado?. ¡Quiero verte! ¿Acaso no ves cómo me están tratando? Lloraba muy fuerte, pero nadie me escuchaba… Los demás seguían conversando y discutiendo como si nada pasara o nada los alterara, creo que ni se percataban de mi existencia. No recuerdo más, pero creo que me desmayé o me quedé dormida por no sé cuanto tiempo…
Acabo de despertar y no sé cuánto tiempo ha pasado, es de día y la luz del sol penetra a través de las ventanas, Por favor! ¿ Alguien puede cerrarlas ?, ¿Acaso no saben que esa luz intensa me provoca un dolor muy fuerte?. Esa luz daña mis ojitos en formación! Al intentar evitar esa luz veo a una mujer joven, adolescente quizás, quien me miraba de una forma tal que no siento su presencia.
Es acaso un ser inerte con una mirada vacía?, ¿triste?, ¿sorprendida?, una mirada que no expresaba nada, o lo decía todo, no lo sé. ¿Quién será? ¿Otro doctor? Pero sus ropas son diferentes a la del resto y son un poco viejitas. ¿Será acaso mi madre? ¿Como saberlo?. A quién le pregunto?, Por favor diosito, ayúdame a saber quién es, la luz sigue siendo muy intensa y el dolor me hace desmayar nuevamente.
Muy sensible…bello el mensaje que nos regala.
Me queda la duda…a que dolor se refiere (el dolor me hace desmayar nuevamente)
Transmitiremos su inquietud al autor para responderle a la brevedad posible. Nos complace saber disfruto de la lectura.