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Las alteraciones en el procesamiento sensorial manifestados con hiperreactividad o hiporreactividad a los estímulos sensoriales, como respuesta adversa a sonidos, son consideradas dentro de los criterios de diagnóstico del autismo, según el Manual diagnóstico y estadístico de los Trastornos mentales, quinta edición (DSM 5).

Estas manifestaciones también las observamos en algunos otros trastornos del neurodesarrollo ( TEL, TDAH, Trastornos del Aprendizaje, etc), aunque no con la duración e intensidad con que se presenta en el Autismo.

Las manifestaciones por la hiperreactividad al sonido de los pirotécnicos van desde los más leves estremecimientos llevándose las manos a los oídos hasta reacciones de profunda desesperación, asociando signos neurovegetativos (palidez, frialdad, palpitaciones ) e incluso autoagresión (se golpean la cabeza o se tiran contra un elemento sólido). Realmente todo un sufrimiento de seres humanos con diferentes habilidades. Y que decir de la familia o cuidadores que no encuentran forma de contenerlos.

Sobre la prevalencia del autismo, esto es, el porcentaje de personas afectadas por cada 100 habitantes, según la OMS, en base a una data del 2012 (Mayada et al. Global prevalence of autism and other pervasive developmental disorders. Autism Res. 2012 Jun; 5(3): 160-179) mantiene una información de que 1 de cada 160 niños alrededor del mundo tiene TEA.

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU (CDC) en abril del 2018 reportó que uno de cada 59 niños tiene autismo en Estados Unidos, en base a datos de la Red de Vigilancia del Autismo y las Discapacidades del Desarrollo (ADDM).

En nuestro país, el Plan Nacional para las Personas con Trastorno del Espectro Autista 2019-2021 denota un incremento de la población con diagnóstico de TEA, según el Registro Nacional de la Persona con Discapacidad 2000-2018.

 

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