La historia de Carlos: el niño con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), no tratado

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un desorden muy común (3-7% de la población infantil en edad escolar) que se caracteriza por presentar problemas de atención, inquietud constante en más de dos lugares e impulsividad, los cuales afectan la vida del niño. Si el trastorno no es diagnosticado y tratado a tiempo, conlleva problemas para su vida ya que persiste hasta en un 60% en la edad adulta. Como es un trastorno neurobiológico (con alta carga hereditaria) tiene tratamiento médico por lo que es importante identificarlo a tiempo. Si este tratamiento se acompaña con consejería a los padres, terapia de conducta y/o otras intervenciones, el niño puede llegar a ser una persona con muchas posibilidades. En la mayoría de casos los niños con este trastorno son personas con muy buenas capacidades. Hay que tener en cuenta que no todos los niños son inquietos, algunos son desatentos “como si estuvieran en la luna” y también los combinados que tienen ambas características.

A continuación, les relataré la historia de un niño con TDAH, para que ustedes puedan darse cuenta de lo que podría suceder al no recibir tratamiento.

* * *

Carlos nació en Trujillo, el 29 de agosto de 1988. Fue el segundo de los tres hijos de Juan y Mayra, comerciantes del lugar. Desde pequeño, Carlos fue un bebé muy inquieto. Mayra decía que “desde que estaba en el vientre pateaba y saltaba”. Le dieron pecho por un año, caminó y habló igual que sus hermanos.

Infancia

A los cuatro años cayó a una piscina donde por poco se ahoga por andar corriendo sin cuidado. En dos ocasiones se lastimó: una vez se rompió el brazo derecho y la otra se abrió la cabeza con una puerta de vidrio. La maestra de inicial les dijo que “Carlitos” era muy inquieto y extrovertido y que deberían llevarlo a terapia.

Durante los primeros cuatro años de primaria, la conducta de Carlos fue regular y sacaba buenas calificaciones, siempre estudiaba y hacía las tareas a punta de golpes de Mayra. A principios de quinto grado, Carlos fue expulsado por desafiar a la maestra y aventarle el lapicero cuando ella le gritó. Concluyó quinto y sexto grado en otra escuela donde los problemas de impulsividad, oposición y desafío empeoraron. Por eso es que Carlos entró a “terapia”, acudía una vez a la semana, pero la abandonó después de 4 meses “pues la verdad era muy cara y funcionaba poco”, según su mamá.

Adolescencia

Mayra dejó de apoyar a Carlos por recomendación de los profesores de secundaria, pues “ya no era un niño”. Fue un calvario. Cada año estudió en escuelas diferentes, las quejas fueron las mismas: no se concentraba en clase, interrumpía a sus profesores, molestaba a los compañeros, no hacía ni entregaba tareas. El director en tercero de secundaria pidió que “ya no asistiera el último mes de clases”.

Carlos acordó con sus padres, Juan y Mayra ir al colegio no escolarizado y lo terminó en 5 años. En ese tiempo conoció a sus nuevos amigos, muchachos del mismo colegio que le presentaron al “Alo” (alcohol) y a la “Mary” (marihuana). Carlos se hizo amigo íntimo de estos dos y por las tardes era usual que pidiera permiso para visitarles.

Una tarde de domingo, cuando sus padres miraban la televisión, tocaron el timbre de la casa. Era la Vero, vecina del lugar, quien llevaba un bebé de un mes de edad, el hijo de Carlos, para que le conocieran. Juan y Mayra acordaron obligar a Carlos a trabajar para mantener a la criatura. Así, todos los días por la tarde, Carlos atendía la tienda familiar. Carlos se sentía muy presionado con el colegio, el trabajo y su hijo, tomaba y se drogaba cada fin de semana. Entonces, un sábado cuando estaba de parranda, se accidentó y tuvo que quedarse en el hospital por tres semanas.

Adultez

Fue entonces que el compadre Checo lo invitó a Lima, ya tenía 20 años y finalmente había concluido el colegio. Aprendió a ser “barman” y era bueno, lo malo es que no duraba. Llegó a trabajar en ocho bares en cinco años. En el último bar conoció a su amigo el Gringo, quien lo invitó a llevar “pasta” (cocaína) al “otro lado”. El negocio fue bueno por varios años hasta que le metieron en “cana”.

Ayer Carlos cumplió 30 años de edad y uno en la “sombra” de los 20 que pasará.

No ha visto a su hijo en cinco años y no sabe de él. Una vez al año lo visita Mayra, su madre.

¿Y Juan, la Vero, el Gringo, el Alo y la Mary? Pues se olvidaron de él.

 

Adaptado por la Dra. Myriam Velarde Incháustegui (Médica Neuróloga, Lima-Perú) del escrito del Dr. Francisco R. de la Peña Olvera (Médico Psiquiatra, México).

2019-02-10T17:39:22+00:00

2 Comentarios

  1. Matilde Valdivia 21 agosto, 2018 en 14:17 - Responder

    Para los padrez de Marcos , realmente una tarea muy ardua y cin ayuda cara para su status económico.Es decisivo tratarlosca tiempo en tanto se trabaje en forma Sistémica es mucho más rápido con la intervención comprometida de cada sistema: Familiar , Educativo, Neurológico, Terapéutico, Económico y trabajar en redes y Compromiso de todos colaborar a hacer su parte rn este engranaje funciónal.Llámese enfoque e intervención Multidisciplinaria o cómo quieran llamarlo Pero la Curcularidad y el trabajo sistémico con terapias Breves.Funciona.

Deje su comentario